Alejandra Cattaneo

30 junio 2018

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Amarse para Amar

Amarse para Amar

Hace un tiempo me di cuenta que ya no pregunto a mi pareja si me quiere, o si me ve guapa, o si lo que me puse me queda bien o mal….
Es algo que antes hacía constantemente, buscar la aprobación y aceptación en el otro. No está erradicado del todo, pero si que me he liberado de esa necesidad en un alto porcentaje.
Y os pudeo decir que woooauuuuu que bien se siente. Es agotador mentalmente estar queriendo siempre cumplir las expectativas del otro, o creer que el “otro” nos quiere de una manera determinada, o “creer” que tengo que estar de tal o cual manera para que el “otro” me acepte, me valore, no me deje, etc, etc, miedo, miedo, creencia, culpa, vacío, carencia, ¿sigo? ¿te resuena?.

Todos venimos heridos y algunos apaleados para decirlo de alguna forma, pero si encima creemos que todo eso se va a solucionar con una pareja que nos haga feliz…. Pues mal vamos.

Esas son relaciones que se basan en un “amor condicional” y todo aquel que se te acerque seguirá reflejando esas heridas que traes aún abiertas.Aquí eso de que un clavo saca a otro, pues no sirve, bueno quizás te encuentres con un clavo que esté más oxidado que el anterior, ¿lo pillas?

Expectativa, falta de autoestima, falta de amor propio, son algunas de las “heridas que puedes traer” entonces después de un tiempo empezarás a ver en tu pareja todo esto que te falta a ti, porque te percibes separado y en realidad la relación siempre es contigo mismo y todo eso que esperas encontrar en tu media naranja, para que encaje con tu mitad, no existe, tu tienes que ser capaz de completarte y tienes que ser una naranja completa para poder tener una relación desde el amor incondicional.

EL AMOR INCLUYE, NO EXCLUYE

Cuando comienzas a experimentar el amor desde el interior, empiezas a ver y sentir que no hay diferencia de amor, porque el amor incluye, no excluye.
Desde un punto de vista romántico, es amar sin expectativa y disfrutar mientras dure, sin aferrarse a una pareja como si fuera un clavo ardiendo. Mientras no logres una plenitud interior, no podrás vivir el desapego y estarás condicionado a necesitar de otros.

Cuando sanas y empiezas a estar libre del miedo a la pérdida, vas soltando el salvavidas para sentir que puedes nadar sólo y aunque al principio lo hagas chapoteando y tragues un poco de agua, saber que puedes valerte por ti mismo, es algo tan jubiloso que hace que toda la experiencia valga la pena.

Sanar las emociones es posible, si yo lo pude hacer, tu también puedes.

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